- Christian, vamos. - Susurró la niña, con una voz seria y cansada.
Él tan solo siguió observando lo que alguna vez fue la gran e importante ciudad de Nueva York. Era increíble pensar, que lo que ahora eran un montón de escombros; estaba habitada por tantos. Gente que consumía por montones, tantas personas que compraban cualquier cosa que saliese en la televisión. Pero al final, la tecnología terminó por devorar lo que quedaba de humanidad; y la avaricia corrompió el corazón de la gente.
Todos querían más. Todos querían demostrar que eran mejores, por ser más ricos. Todos querían sentirse superiores por sus posesiones. Muchas personas lo sabían, y sentían que el fatídico día llegaría. El día en dónde los humanos se destruirían a sí mismos.
Las guerras se extendían como un manto de calamidad y desesperación, el avance en armas terminó por destruirlo todo. No quedó nada.
¿Cómo habían sido tan estúpidos? Se daban cuenta del daño que le hacían al planeta, y aún así no hacían nada para evitarlo.
- Christian - Repitió la niña - ¿Qué diablos estás mirando? Son solo un montón de ruinas
A pesar de la edad de la chica, se notaba la increíble sabiduría e inteligencia que llevaba dentro. Él la miró, y sus ojos que eran todo pupila se encontraron.
- Quedémonos un rato más.
- ¿Para qué? Si nuestros sensores no captaron sobrevivientes de la catástrofe, este planeta está completamente desierto.
- Supongo que tienes razón, pero me sigue sorprendiendo que una civilización se halla borrado completa ella sola. - Dirigió la vista al cielo, casi de un color gris debido a la contaminación. - ¿Será posible que este lugar se recupere?
- Lo dudo, es un planeta completamente muerto. Con la guerra, hasta la vida marina murió. Ya no queda absolutamente nada, y el mar se está secando.
- ¿Cómo diablos es posible que se hayan auto destruido otra vez? Ya pasó dos veces más en este sistema solar, tanto en Marte como en Venus
- Supongo que todos al final corremos el mismo peligro, el de autodestruirnos.
- ¿A qué te refieres, Leah? - Preguntó, sin entender a la excesivamente inteligente niña.
- Por ejemplo, los humanos se autodestruían con drogas, alcohol; y también se infringían dolor a sí mismos tanto psicológicamente como físicamente. Su sociedad estaba construida en cimientos demasiado inestables, y su pensamiento poco empático los llevó al final. Al igual, que para sentirse mejores consigo mismos se mentían; e insultaban a los demás, vivían en un mundo construido de ilusiones y falsas esperanzas. Igualmente que nosotros corremos el riesgo de destruirnos si nacen sentimientos como la avaricia y el vicio en nuestros corazones.
- O, si nuestra raza supiera la existencia del Éter - Susurró Christian, pensativo.
- Exactamente. En fin, ¿Nos vamos? No hay nada más que hacer aquí
El rubio asintió, poniéndose el gorro de la capucha sobre su cabeza. La pequeña, llevó a cabo el mismo gesto y tomó la mano de su hermano. Los dos alzaron los brazos disponibles, mientras de su garganta comenzaba a resonar una melancólica canción. Poco a poco, los sombras se fueron extinguiendo hasta que ya no quedó nada; tan solo el recuerdo de que alguna vez estuvieron ahí.
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