Dejar de existir.
En las últimas semanas, mi mente había estado tan seca como
un desierto. Ningún brote de inspiración
se hacía ver, en la tierra infértil que era en esos momentos mi cerebro.
Acomodado en un sillón, leía una novela de fantasía en busca de la semilla
creativa; alumbrado por la lamparita en mi mesa de noche. En un escritorio
cercano, yacían los materiales con los que ejercía mi oficio: Una pluma y un
papel. Era como si los dos ansiaran ser usados, aunque fuera para narrar un
simple relato; pero ni eso se me ocurría. Estaba completamente vacío de ideas,
ya casi veía las telarañas crecer en las esquinas de me cráneo. Polvoriento,
aciano; arrugado como mi piel.
Los ojos con vista borrosa, el pelo canoso. Ése era yo, un
anciano al cual la vida se le escapa en cada suspiro. Un escritor, uno que
había visto pasar el tiempo demasiado rápido. Fugaz, sin aprovecharlo. Suspiré
con la mirada perdida, sin lograr concentrarme otra vez en el libro.
De pronto, unos puntos de colores comenzaron a bailar ante
mí, al tiempo que un curioso mareo me invadía. "Quizás se deba a que no he
dormido mucho" Pensé, a la vez que un sueño impresionante se unía a las
sensaciones anteriores. Poco a poco, mi vista se oscureció; hasta que se volvió
todo negro. Intenté combatir, sintiéndome desfallecer. Ya no escuchaba, no
podía hablar. Solamente pensaba.
Sentía que algo tiraba de mí hacia arriba, intentando llevarme
consigo. Pero no físicamente, tiraba de mi espíritu. Como si de alguna forma,
intentase sacarme de mi cuerpo. Súbitamente, vi mi cabeza desde arriba, vi mi propio
cuerpo inconsciente. Me debería haber asustado, pero por alguna razón no lo
hice. Tampoco quise luchar, no tenía ganas ni impulsos de hacerlo. Lentamente
mi cabeza se comenzó a alejar. Poco después miraba la sala de mi casa. Todo se
volvió negro por un segundo, y al siguiente, veía el techo de mi hogar desde
arriba.
Subía y subía, alejándome cada vez más de mi ciudad. Las
casas empequeñecían, hasta que ya las pude distinguir. Casi sin darme cuenta,
terminé tan lejos que podía ver el mismísimo planeta Tierra
Ante mis ojos estaba la galaxia, y yo aún seguía yendo más
arriba.
Me hallé rodeado de estrellas, al fin quedándome quieto. ¿En
dónde estaba? ¿Era aquel alguno de esos famosos viajes astrales? Me llevé la
mano a la cara, o al menos lo intenté. Entonces me di cuenta de que no tenía
mano. No, yo solamente era una conciencia que podía ver, un alma. Mi cuerpo
había quedado en la tierra, como un envase el cual dejó de servir.
"¿Esto es el cielo?"
De la nada y entre un remolino de reflexiones, pensé en lo
enana que se veía la Galaxia desde allí. Pequeños puntos, de los cuales ni
siquiera se distinguía el Planeta. Minúsculo, casi insignificante. Y en un
lugar más microscópico, vivíamos mi familia y yo. Junto a un montón más de
humanos de los cuales no conocería ni una décima parte. Tanta gente moría y
nacía en un segundo... Me sentí como un insecto, dándome cuenta - como muchas
veces antes - de que yo no era nadie. De que no era nada.
Mi nombre desaparecería en poco menos de dos generaciones
más. Mi recuerdo no perduraría, mis descendientes ni siquiera sabrán quién era
yo. Nadie me recordará en un par de décadas, o en menos años incluso.
Mis libros no eran tan buenos como para que mi persona sea recordada,
tal como el de Shakespeare. Yo no había
hecho nada importante. El nombre Cristóbal Muñoz se perdería para siempre entre
todos los otros que se llaman como yo.
"Estoy muriendo"
Era aquello lo más probable, dudaba que fuera un sueño. Pero
esperaba que fuera así.
Cuando terminé de pensar en todo aquello, me fijé en algo.
Me rodeaba la oscuridad absoluta. ¿Desaparecería ahora? Mi conciencia, ¿Se
estaría apagando poco a poco?
Mis recuerdos ya no estaban, ni siquiera sabía si alguna vez
tuve familia. ¿Yo era hombre o mujer? Ni rastro de eso descansaba en mi mente.
¿Quién era... yo? ¿Había vivido... en otro lugar antes de esa oscuridad?
Y entonces, dejé de existir.

Muy buen texto. Te atrapa como lector Y fluye con naturalidad...incluso más allá de la última frase.
ResponderEliminarta weno
ResponderEliminarHe leído todas tus historias, y ciertamente ésta es la que más me gusta <3 .-
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